Una reunión que parecía íntima terminó convertida en un flanco político de alto voltaje. El presidente recibió a excompañeros de Derecho en pleno Palacio de La Moneda, en una comida que incluyó tártaro de tomates, plateada al jugo, puré rústico y vino tinto.
El problema no fue el menú, sino el escenario: dependencias oficiales, posible uso de recursos públicos y personal institucional para una cita de carácter privado.
La situación encendió las alarmas en el Congreso. Diputados del Partido Socialista ingresaron un requerimiento para que la Contraloría investigue si hubo irregularidades en el uso del aparato estatal.
En juego no está solo una cena: está la línea que separa lo público de lo personal en el corazón del poder.